A TI, CARRASCALEJO
Autora: Estefanía Manchado Montero de Espinosa


Carrascalejo es para mi una sonrisa, un gesto cálido y agradable, cuando mi recuerdo lo evoca. Surgen entonces cientos de imágines de mi infancia y adolescencia. No solamente porque sea el pueblo de mi madre, mis abuelos y de mis ancestros sino porque aunque no nací en él, lo considero "mi pueblo" y así hablo de él, como algo muy mío, porque en sus calles, callejas y plazas he pasado sin duda los mejores momentos de lo que hasta ahora ha sido mi vida.
   Me gusta pasear por ellas, por que me evocan recuerdos, voces, imágenes y olores que son tan yo, como mi nombre.
Todas esas sensaciones me gusta compartirlas con" ellos ", con todos aquellos que han puesto y ponen voz y cara a mis recuerdos, y que dan vida  a este pequeño pueblo. Incluso cuando estamos lejos y en la ciudad nos juntamos, allí, entre nosotros, está el pueblo.
Las cosas sencillas son nuestras cosas... una partida de mus en el bar, o un trivial junto a la chimenea, preparar la peña y decorar el pueblo, una tarde en la piscina y una cena en las barbacoas. Ya están los de siempre... que si el ciervo, que si el venao ¡Pero que no falten nunca! y aquellas guitarras que todos echamos de menos, ¿volverán algún día?
Dicen que las personas estamos marcadas en nuestra personalidad y en nuestra vida por el paisaje que nos rodea y con aquel con el que más nos identificamos. Yo no sé bien como soy y posiblemente niguno de nosotros, solo sé, que tanto el que lo diga como el que calle ha sentido ese "que se yo" cuando le ha parecido ver el "Risco el Prao " nada más salir de Talavera, cuando ha empezado a ver las primeras encinas y sobre todo cuando se llega al Alto de la Somá y ahí está, el pueblo a los pies de la sierra. Si alguno nos perdemos, que nos busquen en lo alto de la sierra, allí puedo decir sin vergüenza que me siento pequeña y más cerca de Dios.

Por todas estas estas cosas y por muchas más que no son fáciles de expresar doy las gracias y os las doy a vosotros tambien por estar ahí,  por que todos contamos con encontrarnos: "a los de siempre".
Y recordar que si alguna vez alguien que os quiere os dice: hay algo de tí que no acabo de comprender; una manera de sentir, de hablar, pensar o vivir. Enseñarles el pueblo, las dehesas, el silencio del campo y que se enamoren de la forma fuerte y caprichosa de una encina, tal vez luego digan: ahora lo comprendo.